El Padre Orlandis: “Hombre de tres libros”

padre orlandisSegún recordaba el P. José Mª Murall S.I. en un artículo publicado en esta revista en el mes de setiembre de 1958, decía de sí mismo que el P.Ramón Orlandis Despuig S.I. ya en la madurez de su vida, y notando que la maduración lleva consigo la simplicidad y la unidad en el pensamiento, que se consideraba a sí mismo como un hombre de tres libros .

Eran estos: Los Ejercicios espiritualesde San Ignacio de Loyola, la Summa Theologicade Santo Tomás de Aquino, y la que se titulaba entonces " Historia de un alma" de Santa Teresita del Niño Jesús, con otros escritos especialmente algunas poesías de la misma Santa.

Otros trabajos y documentos publicados en este mismo número que el lector tiene en sus manos, le ofrecerán testimonio de la síntesis de espiritualidad y de doctrina por la que el P. Orlandis refería el mensaje de infancia espiritual de entrega al amor misericordioso de la gran Santa Carmelita, a la culminación de los designios providenciales expresados en las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, y propuestos y difundidos en la fecunda tarea apostólica del P. Enrique Ramière, definido fundador y orientador del Apostolado de la Oración en su servicio al Reino de Cristo por su Corazón.

Estas líneas se ocuparán únicamente de otro aspecto esencial del carisma apostólico del P.Orlandis, en que se revela también la sencilla unidad de su tarea de magisterio espiritual. Me refiero a la conexión profunda entre su conocimiento de la doctrina de Santo Tomás de Aquino, realmente asumida como sapientia cordisy su admirable comprensión de la doctrina espiritual contenida en el propio texto de los Ejercicios de San Ignacio.

Nada me ha parecido mejor, para poner de manifiesto en qué medida se compenetraban en el P. Orlandis la teología espiritual del Doctor Angélico y su doctrina sobre los Ejercicios del Santo Fundador de la Compañía de Jesús, que atender las palabras del propio Padre Orlandis en un artículo publicado en la Revista Manresa en el año 1936, en un pasaje titulado "De lo Sobrenatural en los ejercicios": y en relación con ellas recordar también el autorizado comentario que el P. Leturia, prestigioso especialista de la espiritualidad ignaciana, incluía en una carta que en 1940 dirigió al P. Ramón Orlandis, y que fue dada a conocer en la revista Cristiandad por el propio P. Murall en un trabajo titulado "Doctrina sobre Ejercicios".

Escribió el P. Ramón Orlandis:

De lo sobrenatural en los Ejercicios

El insigne teólogo dominicano P. Garrigou-Lagrange, tratando de la Mística y de las doctrinas fundamentales de Santo Tomás, escribe: «Muchos ingenios, impresionados por la diferencia que hallan entre los escritos de los grandes teólogos místicos, como Dionisio, Ricardo de S. Víctor, S. Buenaventura, Taulero, San Juan de la Cruz y los de Santo Tomás de Aquino, se asombran de que se busquen en éste los principios de la teología mística… En este artículo querríamos mostrar que este juicio sobre el gran Doctor proviene de una manera enteramente material de leer su obra. Tenemos gran tendencia a materializarlo todo: la doctrina, la piedad, las reglas de conducta, la acción… En estas disposiciones hay tendencia, si no está uno sobre sí, a materializar las doctrinas más altas, es decir a atender a los elementos materiales que se adaptan más a nuestro gusto y a perder de vista el espíritu que es el constitutivo formal o el alma del cuerpo doctrinal… Cuando se sigue este camino, so pretexto de apoyarse en lo tangible, mecánicamente preciso, indiscutiblemente cierto aun para los incrédulos, se llega a explicar lo superior por lo inferior… Se tiende a explicar el alma por el cuerpo… la vida de la gracia por la naturaleza, las doctrinas teológicas por los elementos filosóficos que se han asimilado…

Aun con sincero deseo de instruirse, se puede leer a Santo Tomás desde este punto de vista; y como en su doctrina teológica los elementos materiales o filosóficos, que intenta subordinar a la idea de Dios, autor de la gracia, son en extremo numerosos, si la atención se detiene excesivamente en estos elementos inferiores, accesibles a la razón, en vez de elevarse a la cima de la síntesis, se hallará oposición real entre esta doctrina y la de los grandes místicos, que han tratado sobre toda otra cosa de la unión con Dios…

Se da, pues una manera muy poco sobrenatural y antimística de leer y comentar la Suma de Santo Tomás… A la manera que es cosa muy fácil falsear un instrumento de precisión, y es muy difícil repararlo, así nada más fácil que falsear la doctrina del Santo. Basta recalcar lo que tiene de secundario y material, y exponer de una manera vulgar y sin relieve lo que en ella hay de formal y de principal; de esta suerte se pierden de vista las cumbres luminosas, que deben iluminar lo demás».

No creemos pecar de audaces ni tampoco injuriar a nadie, si lo que dice el P. Garrigou-Lagrange acerca de tan defectuosa manera de leer y exponer las enseñanzas de Santo Tomás, lo aplicamos nosotros a la manera que algunos tienen de entender y explicar las enseñanzas de San Ignacio.

Y a la verdad, tal desviación de criterio en la manera de entender a uno y otro maestro, no deja de parecernos explicable y excusable. De día en día nos parecen más notables y palmarias las semejanzas y afinidades entre el ingenio especulativo-práctico del angélico autor de la Suma y el ingenio práctico-práctico del inspirado autor de los Ejercicios. Podrá ser que influya en este nuestro humilde parecer el aprecio, rayano en culto, que por uno y otro sentimos: no lo creemos así; cuanto más nos esforzamos en ser imparciales y objetivos en el estudio de ambos autores tanto más crece y se corrobora nuestra persuasión.

Nada, por consiguiente, más natural y puesto en razón, dada la manera humana de conocer lo insensible por la analogía de lo sensible, y lo sobrenatural por analogía con lo natural; y dada la necesidad de la intervención de las fuerzas psico-morales del hombre en su vida sobrenatural; que autores tan humanos, ponderados y realistas, como Santo Tomás y San Ignacio, en sus enseñanzas, así especulativas como prácticas, se hagan cargo de numerosos elementos materiales y humanos y les den justa y razonable intervención, siempre con la debida subordinación a lo espiritual y sobrenatural.

Por esta razón creemos deber insistir en la denuncia de un peligro -y tal vez de un hecho- en la manera de entender, de enfocar y de proponer las enseñanzas y prescripciones de San Ignacio en sus Ejercicios.

Nos mueve a recelar este peligro la observación de la importancia excesiva y casi exclusiva que se da tal vez en los Ejercicios, a elementos y procesos en que la vida espiritual se presenta más por su aspecto humano y natural que por el divino y sobrenatural. Algunos ejemplos darán luz a nuestros recelos. El ponderar la solidez y eficacia de la meditación discursiva, llamada, quizás con menos exactitud, método de las tres potencias, dejando en la penumbra otros modos de orar ulteriores, tales como la contemplación de personas, palabras y obras, etc., sin discernirla de la meditación discursiva; el inculcar con más ahínco la meditación y las convicciones intelectuales, que de ella se esperan, que el allegamiento a Dios por medio de la humilde oración; el insistir de una manera predominante en la necesidad del conato e industria del hombre, y no tanto en el valor y virtualidad de la gracia sobrenatural; el hablar de tal manera de las virtudes, que se dé pretexto a pensar que las peculiaridades y características de la vida espiritual son fruto del ejercicio humano y no de la infusión divina sobrenatural; el realzar las ventajas y seguridades de practicar la virtud en el estado de sequedad espiritual y los riesgos de la consolación; el mirar la consolación como un estado de espíritu semi-natural; el ponderar la sabiduría y solidez de las prescripciones que se dan para elegir en el tercer tiempo, pasando quizás como sobre brasas por el primero y el segundo, como si fueran arriesgados y poco menos que inservibles; el hacer resaltar insistentemente que los Ejercicios son para desarraigar las afecciones desordenadas y menos para fomentar santos y sobrenaturales afectos, en especial de amor y caridad; el afirmar que el amor de Dios se ha de poner en las obras y no en las palabras, siendo así que lo que San Ignacio dice es "que el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras" y usa la expresión hablar vocal o mentalmente con Dios como si fuera sinónima de esta otra "affectar (tener afectos) con la voluntad", etc.

Comentaba el P. Leturia en la carta antes mencionada:

Roma, 8 oct. 1940

R. P. Ramón Orlandis. S.I. P. Ch.

Amado en Ch. Padre: Cuando pasé de vuelta por Barcelona, no había aún tenido ocasión de leer despacio los artículos de VR. en Manresa, que tan delicadamente me regaló -y encuadernados- al vernos ahí en julio; es que mis dos meses en España resultaron más apretados de lo que yo planeaba, y no pude así hacer mis propios Ejercicios. De ahí que nada pudiera decir a VR. el día y medio que estuve ahí en septiembre.

Desde el primero, adiviné algo que llevo también yo muy adentro hace años, y que VR. no expresó con claridad hasta el artículo del mes de abril de 1936, páginas 30-31, cuando en forma fina y velada reacciona contra el insistir en la meditación de las tres potencias y olvidar casi las contemplaciones, pasar como por brasas por el segundo tiempo de elección y proponer como "nuestro" el tercero, insistir en la solidez de la virtud seca y apenas hablar de la consolación, etc. , etc. Todo lo que sea insistir en este aspecto del problema en los Ejercicios y reaccionar con justeza y profundidad contra la mecanización semipelagiana y semiestoica de la Vía Ignaciana me encanta, y me parece necesarísimo para mí y para otros. Y creo no engañarme si digo (y lo vi desde el primer artículo) que ahí está el nervio de los estudios de VR. Y no por reaccionar ni por prurito de crítica, sino porque lo otro es no entender y aun deformar nuestro mayor tesoro, los Ejercicios. Y además (¡qué bien lo muestra VR. !), apartarnos de los primeros grandes comentadores. (… / Y si VR. , por un sentimiento de extrema benignidad y deferencia quiere seguir un gusto mío, crea que los lectores damos a VR. en sí misma más autoridad de la que piensa, y que aunque gocemos en ver prueba con La Palma, Gagliardi y Suárez sus ideas, creemos que la raíz principal de donde saca sus profundas observaciones no han sido -al menos al principio- esos autores, sino fuentes más inmediatas y recónditas de los Ejercicios mismos y de la Teología del Angélico, ellos y ella vividos más que leídos…

Y pida mucho por su afmo. in Ch.

PEDRO LETURIA, S.I.

Quedaría por tratar otro aspecto decisivo de la coherencia y unidad simplicísima del magisterio espiritual del P.Ramon Orlandis. Sería este el de la continuidad entre la teología de los dones del Espíritu Santo,contenida en la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino, que él asumía con convicción profunda y amoroso entusiasmo, y la doctrina espiritual que sabía leer en los escritos de Santa Teresita del Niño Jesús, en los que, sin sistematizaciones especulativas, encontraba, por modo vitalmente ejercido, la docilidad a las divinas mociones obradas en el alma cristiana por el "Consolador óptimo y dulce huésped del alma", que es el Amor y Don divino que habita y en las almas y diviniza al cristiano.

Su vida mística, aparentemente sencilla y ordinaria, estaba interiormente, cada vez más, dominada por las inspiraciones divinas. El Espíritu Santo la guiaba en todo. La misma Teresa nos ha dejado sobre este punto preciosas confidencias:

«Mi retiro de profesión fue, como los siguientes, un retiro de gran aridez. No obstante, sin ni tan sólo darme cuenta de ello, los medios de agradar a Dios y de practicar la virtud se me revelaban entonces claramente. He notado muchas veces que Jesús no quiere darme provisiones. Me alimenta a cada momentocon un alimento completamente nuevo. Lo hallo en mí sin saber cómo se encuentra allí. Creo sencillamente que es el mismo Jesús,oculto en el fondo de mi pobre corazón, quien obra en míde una manera misteriosa y me inspira todo lo que quiere que haga a cada momento .

Para quien sabe entender las cosas, ésta es una descripción inconsciente de una elevada vida mística bajo el influjo preponderante de los dones.

Francisco Canals

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