El P. Ramón Orlandis Despuig

padre orlandisQuien haya leído, o lea ahora, el n° 331 (Septiembre de 1958) de Cristiandad, no necesita más noticias sobre el fundador de Schola Cordis Iesu. ¿Pueden superarse las firmas de Mª Asunción López, José Mª Murall S. l., Roberto Cayuela S. l., Francisco Segura S.I., Luis Creus Vidal, Jaime Bofill, Minoves-García Die, Pedro Basil, Francisco Canals Vidal, y algunos más? Tomo, pues, la pluma sin ánimo de enseñar nada nuevo, sino únicamente con el deseo de contribuir a honrar aquel santo y sabio varón a quien traté poco (pero muy intensamente) en vida y a quien velé las noches anteriores a su muerte y fui (con el H. enfermero) el único testigo de su plácido trance en una madrugada pocos momentos después de celebrar la santa Misa "pro agonizantibus", en la capillita que estaba junto a su aposento y desde la cual él había podido -si hubiera en aquellos momentos podido tener conciencia- seguir el Santo sacrificio de Jesús.

A modo de "testimonio histórico", a los datos biográficos que se dan, muy completos, en el mencionado 331 de Cristiandad, queremos añadir (traducido al pie de la letra) el EGO del P. Orlandis. Se llama EGO (título casero y familiar) a un escrito que redactan los candidatos a Jesuitas al ingresar en el noviciado, siguiendo una pauta o esquema prefijado. Comienza siempre como éste del P. Orlandis: "EGO, Raimundus Orlandis et Despuig… Yo Ramón… ". El documento, pues, escrito todo él de puño y letra del novicio, reza así:

«Yo, Ramón Orlandis y Despuig, Español, he sido admitido en la Compañía de Jesús por el R. P. Jaime Vigo, Prepósito Provincial de la Provincia de Aragón.

He ingresado en la casa de probación de Santa María Verulense el día doce del mes de julio del año mil ochocientos noventa y cinco, bajo el Maestro de Novicios Luis Adroer.

Nací de matrimonio legítimo en Palma de Mallorca en la diócesis Mallorquina, provincia Balear, el día dos del mes de Diciembre del año mil ochocientos setenta y tres. Fui bautizado el mismo día en la Parroquia de San Jaime de la misma ciudad. Fui confirmado el día primero del mes de Diciembre del año mil ochocientos setenta y seis, por el Ilustrísimo D. Mateo Jaume y Garau, Obispo de Mallorca. Tengo padres, Ramón Orlandis y Luisa Despuig, difuntos; eran de condición nobles. Tengo dos hermanos, uno célibe y otro casado y una hermana casada.

Pasé mi vida, hasta los doce años, en casa, donde aprendí los rudimentos de gramática con maestro particular. Luego, a los doce años, fui enviado al Colegio de S. José en Valencia, en cuyas aulas, interno, aprendí tres años de Humanidades, de los profesores PP. Ferreres, Traval, y Casas S.I.; estudié un año de Retórica con P. Cubí, me dediqué a la Filosofía dos años bajo los profesores PP. Sedó y Vidal, a saber, el primer año Lógica y Ontología, el segundo Psicología y Ética. Desde el año mil ochocientos noventa y dos me dediqué tres años al Derecho civil y a la Filosofía y Letras en el Colegio de estudios superiores de Deusto, bajo los profesores PP. Pajares, Echeverría y Leza, García Alcalde y Romeo S.I. y Hermanos Arregui Izquierdo, Zarandona y Llera S.I. En la Universidad de Salamanca recibí el grado de "prolytae" [doctorado o licenciatura] en Filosofía y Letras.

Tengo memoria fácil para captar y tenaz para retener. Creo tener entendimiento [o talento] que capta bien lo que estudio.

Siento propensión natural y voluntaria al estudio, principalmente para las letras humanas y la Filosofía.

Por lo que toca a los ministerios [ocupaciones, trabajos] me siento indiferente.

No creo que los estudios hayan dañado mi salud.

Siento que tengo fuerzas espirituales y corporales para los estudios y otras ocupaciones de la Compañía.

Las fuerzas corporales son buenas y firmes.

Mi complexión, creo, es mixa [mezcla] flemática y nerviosa.

No tengo defecto alguno corporal; tengo algo de miopía. En mi familia reinó buena salud.

Mi vocación comenzó el año mil ochocientos noventa y tres, y durante algún tiempo vacilé; por fin, habiéndome aconsejado y bien examinado el asunto, confirmado en mi vocación, fui admitido a la Compañía de Jesús, y con sumo gozo de mi corazón, vine a esta casa de probación de Santa María de Veruela, con ánimo [con el propósito] de vivir y morir en la misma Compañía de Jesús, observando sus reglas y todo lo que se me propone, con la gracia de Dios y la protección de la Santísima Virgen».

A continuación, a manera de cuadro sinóptico, se anotan las asignaturas cursadas, los autores estudiados, el lugar, años o cursos, número de condiscípulos, notas finales y observaciones. Según este cuadro obtuvo el Bachillerato en letras Humanas, y la Licenciatura (prolyta) en Filosofía y Letras. En todas las asignaturas tuvo siempre Meritissimus(Sobresaliente), menos en Filosofía y Matemáticas en el Colegio de Valencia y en Historia Universal en Deusto; la nota fue Mediocris, mediano o mediocre, que equivale a aprobado.

* * *

Este escrito, a pesar de su calidad de "standarismo", tiene un valor singular porque procede de un joven de 22 años que descubre un espíritu reflexivo, serio y veraz. Tiene cuidado en hacer constar que fue bautizado el mismo día de su nacimiento, significando así cuánta importancia daba al nacimiento espiritual, cualidad que durará toda su vida y manifiesta, por ejemplo, con el aprecio con que recomendará "La Divinización del Cristiano" del P. Ramière. Sobre su talento, memoria, vigor corporal… se muestra cauto y humilde con un "creo" (judico, dice él).

No carece de interés la frase: "Propensionem naturalem et voluntariam ad studia sentio, praesertim ad litteras humaniores et ad Philosophiam". Siente inclinación natural y voluntaria. La inclinación o propensión siempre es natural, pero muchos no siguen sus inclinaciones, que tal vez pueden ser desordenadas o inconvenientes. El P. Orlandis acepta voluntariamente lo que la naturaleza espontánea y gratuitamente le da. El estudio no será la satisfacción gozosa y fácil de un instinto o sentimiento, sino la realización consciente de una inclinación que exige esfuerzo y dedicación. El P. Orlandis no estudia por gusto sino con gusto y con el anhelo de procurar el Reinado de Cristo en los corazones; y todos sus esfuerzos irán encaminados a un fin de gloria de Dios, no de satisfacción humana.

Siente además, dice, inclinación especial por las letras humanas y la Filosofía. Por letras humanas se entendía aquellos estudios que tenían como fin educar el "humanismo", es decir, el desarrollo adecuado y ecuánime de las facultades del hombre en cuanto sociable y "asociado", o sea, como miembro de una sociedad que él mismo forma, de la que él mismo es parte y a la que él mismo se debe.

Esta formación "humana" mira al hombre entero: mente y corazón, sentidos y potencias, cuerpo y alma; hombre y Dios. Al mundo de hoy le falta "humanismo", que podríamos denominar, más concretamente, equilibrio. Los griegos lo llamaban sophrosine, los clásicos latinos ne quid ni mis (no pasarse de rosca), los ascetas cristianos virtus o justo medio. La ausencia del estudio del clasicismo, el predominio de las ciencias exactas (matemáticas, química, física, electrónica, etc.) ha deshumanizado a la sociedad. Basta ver la aberración del Arte, del teatro, y hasta de los deportes, que no sólo están desfasados sino que han entrado en el campo peligrosísimo de la política y de la violencia. Hoy, el P. Orlandis no comprendería a esta Humanidad.

Su segunda afición o inclinación voluntaria era la Filosofía. Creo que el P. Orlandis entendía la Filosofía en su sentido etimológico de amante de la sabiduría y también de reflexión. Tomar las cosas con seriedad, no a la ligera. Así, cuando fue Profesor (lo mismo que cuando había sido estudiante) no se limitaba a comentar un texto, como hacían los comentaristas ordinarios de las "Sententiae" o de la "Summa", sino que lo hacía al modo de Sto. Tomás o de Suárez o de los grandes comentaristas, que de tal modo "comentaban" que formaban escuela propia, como los dos grandes maestros mencionados.

Otro rasgo del P. Orlandis, efecto de su ’"filosofismo" o espíritu de reflexión, es el que aparece en su elección de estado. En el "Ego" dice escuetamente que empezó a sentir vocación a la Compañía de Jesús en 1893 y que vaciló durante algún tiempo, pero luego después de asesorarse con buenos consejos y examinada bien su vocación, ingresó en la Compañía de Jesús. Su vocación, pues, le nació en Deusto al cabo de un año de convivir con aquellos doctos y sabios jesuitas que menciona. No se tomó el asunto a la ligera. Consultó, examinó, pensó, y por fin se decidió. Hablando de este asunto con uno de sus discípulos de Schola Cordis Iesu, le dijo que veía algunas cosas en la Compañía de Jesús que no le gustaban, pero que sintió que era su vocación la Orden de S. Ignacio, y la aceptó.

Los datos escuetos, pero pensados, del joven licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Derecho, son tales que le reflejan de cuerpo entero y nos dan la clave de toda su vida de Jesuita. Veámoslo en una síntesis tan breve como su "Ego".

* * *

Las calificaciones escolares de Matemáticas e Historia Universal le designan "mediocre". Así había de ser: Las matemáticas son frías, calculadoras; son el polo opuesto del humanismo, por más que el matemático pueda ser una persona muy tratable, comprensiva, "humana". Pero el "humanista" no suele ser muy matemático.

La historia universal, si se estudia en manuales, es una sarta de datos y de fechas capaz de indigestar a la memoria más "fácil en captar y tenaz en retener" como era la del estudiante Orlandis. Tampoco le cuadraba la carrera de historia de datos y fechas.

Pero cuando la historia es filosofía, se convierte en la asignatura más acomodada al temperamento "voluntariamente aceptado" del P. Orlandis. Se convierte en Filosofía de la Historia. Es lo propio de su temperamento "humanista-filósofo".

Así pensaba y soñaba el joven licenciado en Salamanca y ahora novicio jesuita en la Casa de Ntra. Sra. de Veruela. Y con este espíritu doble emprende la carrera ascético-científica. Desde este momento la meta no ha de ser el hombre ni la sabiduría, sino el Hombre-Dios que es el Verbo, la Sabiduría humanada. Y este dualismo, que ha convertido en una unidad misteriosa: una Persona divina en dos naturalezas, llenará por completo el ideal del jesuita que va paso a paso reforzando su "humanismo" (ahora ya muy divinizado), y transformando su Filosofía en Teología, y convertirá al historiador "mediocre" en un Doctor en Teología de la Historia. Y así sale el Sacerdote Ramón Orlandis S.I. que sube al altar con un corazón que no aspira más que a ser "secundum Cor Iesu" y procurar con todas sus fuerzas el Reinado de Cristo en la Tierra.

Esta idea del Reinado Social de Cristo lo tenía tan en su entendimiento y en su corazón que empujó a su sobrino, el P. Juan Rovira, eminente Profesor de Sagrada Escritura, a que estudiase y escribiese sobre el Milenarismo. En aquellos momentos era muy mal mirada esta doctrina y el P. Rovira se encontró en un ambiente hostil. El P. Orlandis padeció mucho al ver que por ello su sobrino había perdido la Cátedra, pero el Señor premió al defensor de su Reinado Social en la Tierra, con la gracia del martirio. El P. Rovira estará ahora con los mártires del Apocalipsis, que tanto apreciaba, clamando justicia a Dios (Apoc 6, 1 0).

También al P. Orlandis le costó la pérdida de su docencia de Teología dogmática, Patrología, moral, historia de la Filosofía, que sucesivamente fue enseñando a los estudiantes jesuitas de Teología o Filosofía. Dios le destinaba a su lugar definitivo, allí donde apuntaba su temperamento ya "divinizado": el humanismo teológico concretado en el Reinado del Corazón de Jesús. Desde 1923 vivía en la Residencia de la Calle de Caspe dirigiendo la Obra del Apostolado de la Oración. El curso de 1928-29 vuelve a Sarriá para enseñar historia eclesiástica y patrología a los teólogos, e Historia de la Filosofía a los filósofos. En Agosto de 1929 se traslada definitivamente a Barcelona para dedicarse de lleno al Apostolado de la Oración. Está ya plenamente centrado. Sin embargo los acontecimientos políticos de 1931 con la ocupación de los edificios y bienes de la Compañía de Jesús en 1931-32 y la guerra civil de 1936 a 1939 impidieron al P. Orlandis desarrollar sus planes pero le dieron tiempo para pensar y planear.

* * *

1939-1958. Años proféticos

Se habla mucho de profetismo en nuestros días. Cuando algún "teólogo o escriturista o liberacionista" es amonestado por la Curia Romana o directamente por el Papa, surge un murmullo sordo (no pocas veces un griterío ensordecedor o unos escritos contestatarios). Y a estos les llaman "profetas", queriendo indicar que en su día serán reconocidos, como ocurrió antaño con los auténticos profetas.

Con un espíritu muy distinto llamo yo ahora "Profeta" al P. Orlandis. El no profetizó porque no se consideraba un hombre excepcional, providencialmente enviado por Dios, para anunciar y preparar el Reinado del Corazón de Jesús, como lo fuera S. Juan Bautista respecto del Mesías y Sta. Margarita María, el B. de la Colombière y el P. Bernardo Hoyos para esta devoción. El P. Orlandis más bien se veía como "la voz que clama en el desierto" (Mt 3, 3), pero que con una mirada certera ve un porvenir, un horizonte que presiente cercano aunque el ambiente está tan negro que no ve más allá de unos metros.

El P. Orlandis que ha estudiado a fondo -ayudado también por su sobrino el P. Rovira- la Sagrada Escritura y con ella la Teología de la Historia, no duda de que Cristo ha de Reinar (con mayúscula) en la Tierra, sobre la Humanidad, por más que su Reino no sea de este mundo (Jn 18, 36). Y goza cuando ve que Pío XI, el Vicario de Cristo, el Maestro de la Verdad, instituye la festividad de Cristo Rey del Universo destinada a explicar y preparar el Reinado Social del Corazón de Jesús. Y de nuevo se goza cuando este mismo Sumo Pontífice nos dice dos veces que ya está viendo el tiempo -cercano- en que Cristo Reinará sobre la Tierra. Y ve también el P. Orlandis que su ideal no es el de un soñador, de un iluso, de un hereje, sino el de un fiel hijo de la Iglesia, de un buen teólogo que confronta sus doctrinas con las del Papa y ve que coinciden.

* * *

Han pasado años de paz para España y para la Iglesia, pero de intensas maquinaciones del infierno. En 1917 la Virgen María vaticinaba solemnemente en Fátima: "Pero, al fin mi Corazón Inmaculado triunfará". Con esto anunciaba Ella -evidentemente para pronto- el triunfo del Corazón de Jesús, ya que Ella no es más que la Aurora que anuncia la salida del Sol.

Con la muerte de Pío XII soplaron nuevos vientos en la Iglesia, que hicieron exclamar a Juan XXIII: "he abierto un poco las ventanas para airear el ambiente y ha entrado un huracán". Efectivamente las "portae ínferi", los poderes del Infierno se han desatado y en orden de batalla presentan la más peligrosa y fuerte lucha contra la Iglesia: la apostasía, el ataque desde dentro.

Y en este momento Dios da a la Iglesia el Papa que -permítaseme el atrevimiento, pero a esto iba el título de años proféticos– llena el ideal del P. Orlandis: Juan Pablo II. Es el Papa del Reinado del Corazón de Jesús.

En Consistorio de Navidad de 1989 daba gracias a Dios porque había podido realizar sus viajes apostólicos cumpliendo el encargo de Cristo: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda clase de gentes" y el más específico del Papa: "Confirma a tus hermanos".

Y ¿cuál es el mensaje o predicación del Papa? A una humanidad que gusta tanto de ensalzar la dignidad del hombre, los derechos humanos, etc., pero que materializada hasta el tuétano de los huesos, no sabe más que de injusticias, egoísmos, odios, rencores, guerras…, a esta humanidad grita el Papa: "Gobernantes, hombres todos, ricos y pobres, y el hombre tiene una dignidad que no poseen los demás seres vivientes de la Tierra. Respetad y conservad esta dignidad. Pero no olvidéis que esta dignidad os viene de Cristo. Si no sois de Cristo, si Cristo no está en vosotros, carecéis de dignidad". Esta es la síntesis de la predicación del Papa. No faltan quienes le atacan de demasiado humanismo. Es que no le comprenden. Se quedan en el humanismo y no atienden a la Teología, al Cristo que es el que da vida y dignidad al hombre.

Esto, creo yo, predicaría hoy el P. Orlandis, preparando así, como hace el Papa, el Reinado de Cristo sobre los hombres. Fue, pues, en realidad el profeta del Reinado de Cristo en un tiempo en que el modernismo liberal, fruto amargo y venenoso de la "Ilustración" de la Revolución Francesa y condenado por San Pío X, renovaba e invadía lentamente en la mentalidad universal y dentro de la misma Iglesia, con la Teología nueva pasada rápidamente a Teología antropológica, Antropología teológica, Antropología. Con esto se suplantaba Dios para ensalzar al Hombre.

En el orden político se iban deshaciendo y liquidando las monarquías para dar lugar a las democracias, y una Iglesia Jerárquica se pretendía transformarla en democrática. ¿Quedaba, pues, lugar para el Reinado social y universal de Cristo Rey?

Y el P. Orlandis había intuido todo esto hacía muchos años. Su trayectoria intelectual y ascética la habían llevado, sin darse cuenta, pero "voluntariamente" a la conclusión del futuro Papa Juan Pablo II (que tampoco es hoy día comprendido plenamente por muchos). El P. Orlandis, tan intelectual, tan escolástico, tan tomista… rehúye todas las discusiones de escuela sobre el objeto formal, la esencia, el fin, etc. , de la devoción al Corazón de Jesús, y se coloca en el punto céntrico de la Historia Universal (en la que le calificaron de "mediocre", ¡no lo olvidemos!), y allí encuentra a Cristo, el Dios-hombre (Humanismo y Teología) que nace en una cueva de una pequeña villa de Judea y muere en una cruz en la gran Jerusalén, elevado entre la Tierra y el Cielo, después de haber profetizado: "Y yo, cuando sea elevado sobre la Tierra atraeré a mí todas las cosas" (Jn 12, 32). Y estas cosas son sustancialmente las almas, los hombres. Y la Iglesia lo comprende; y los mártires cantan al morir: "Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat"; y los Concilios ponen nada menos en sus Símbolos o compendios de la fe "cuius Regni non erit finis"; y siempre todo cristiano recitará continuamente la más sublime oración y dirá: ’’adveniat Regnum tuum".

El P. Orlandis, pues, maestro en Teología de la Historia, funda la Schola Cordis lesu, la verdadera Escuela, Teología-Humanista, que se ocupará en estudiar y difundir la verdadera devoción al Corazón de Jesús: que Cristo reine en cada alma, y cada alma se sienta miembro del Cuerpo Místico de la Iglesia, y vaya así realizando el Reinado de Corazón de Jesús en la Tierra.

Han pasado 32 años de la muerte del P. Orlandis. El mundo ha dado un tumbo radical, las dictaduras van cayendo. Los gobernantes se han lanzado a la realización de la idea-madre de la Revolución Francesa: una Europa unida en un sólo sistema (por ahora el Socialismo Internacional), una sola religión (el agnosticismo más o menos paliado), una sola economía, un solo fin: acabar con el Cristianismo.

Pero Dios escribe recto; y con Dios no se juega. Los gobernantes, la humanidad entera podría pretender prescindir de Dios, pero no podrá eliminarle, y Dios sabrá confundirla y de las piedras sacará hijos de Abraham (Mt 3, 9).

¡Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará! Y la "esperanza contra toda esperanza" (Rom 4, 18) del P. Orlandis se perpetúa con su Schola Cordis Iesu, y el Profeta "mediocre" resultará el gran maestro del Reinado de Cristo.

P. Francisco de Paula Solá, S.I.

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